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Los enigmas de la Catedral de León ( Diario de León - 20/02/2011 )


El rey que gobernó cuatro veces
Pocas figuas de la Granada nazarí resultan tan fascinantes como la de Muhammad IX ( el zurdo).
Paradigma de las turbulencias políticas de su tiempo, reinó hasta cuatro veces y fue depuesto otras tantas. Llegado al poder en 1419, tras un levantamiento contra su sobrino el rey niño Muhammad VIII, el izquierdo gobernó hasta 1427 apoyado por el poderoso clan de los Abencerrajes. En esta fecha, una rebelión popular le depuso a favor del legítimo soberano, por lo que tuvo que refugiarse en Túnez. Tras ser restituido en 1430, hizo ejecutar a Muhammad VIII.
La guerra entre Granada y Castilla llevó a la entronización de Yusuf IV, el candidato castellano, quién sólo pudo disfrutar de su posición unos pocos meses ya que fue asesinado en abril de 1431, lo que dio inicio al tercer período del sultán en su trono. Una nueva sublevación en 1445 volvió a apartarle del poder, aunque regresó a la Alhambra en 1447. La derrota nazarí en los Alporchones (Murcia), en la que sucumbió lo más granado de la nobleza musulmana, atizó otra rebelión encabezada por el príncipe Sa`d, tras la cual el izquierdo fue apresado y ajusticiado en 1453.



Oscurecida por el prestigio heroico del varón, la mujer samurái carga con la imagen de estar sojuzgada en un mundo viril y guerrero. En realidad, las exigencias de la ética samurái no eran menores para las mujeres que para los hombres. La esposa del samurái tenía que cumplir con sus deberes y la lealtad que debía a su esposo, y con idéntica intensidad que éste. Para ello recibía la misma educación en disciplina y autocontrol, en los usos y en las estructuras de la sociedad y en los principios confucianos, que le atribuían una mayor consideración social. Incluso se la preparaba en las artes marciales, con armas de uso característicamente femenino, como la naginata (cayado con hoja curva), para defeder el hogar.

En la historia de Japón hubo mujeres guerreras y de gran poder, como MASAKO, la viudad de Minamoto Yoritomo, más conocida como "la monja shogun", que el siglo XIII condujo el país como mano de hierro. Pero lo que más se recordaba eran los ejemplos de lealtad al esposo. Así, se contaban historias de mujeres que se habían suicidado antes de que el samurái marchara al combate, para que así éste pudiera afrontar libremente la muerte, sin ataduras emocionales de ningún tipo





El arte de la caligrafía otomana
En pocas culturas como la islámica posee la caligrafía un valor artístico tan singular.
Equilibrio, elegancia y armonía, las tres reglas para escribir el alfabeto islámico, fueron modificadas por los otomanos a partir de 1453, tras la caída de Constantinopla. Los turcos alteraron las formas de las letras, su colocación, modificaron los trazos del alfabeto y dieron suma importancia a que fuera legible porque, como dijera el gran Mustafá Izzet Efendi, maestro entre los maestros, “leer una bella caligrafía es como oler el aroma de un tulipán”.
La caligrafía forma parte de la religión islámica. Los musulmanes, igual que hicieron los monjes en el Medievo, buscaron la forma más directa de hacer llegar a su pueblo los versículos del Corán. La encontraron al transformar las letras del alfabeto en un arte maravilloso que invitaba a la espiritualidad. Tan sólo era necesario dejar guiar su mano por el corazón, desplazar las letras y romper las líneas. “Dios los utiliza para revelar sus palabras. Los calígrafos lo escriben”.