¿Combatieron las mujeres en la arena? En raras ocasiones, a juzgar por la escasez de fuentes literarias y epigráficas, hubo mujeres que lucharon como gladiadoras. El emperador Domiciano hizo combatir a mujeres a la luz de las antorchas, y en otra aocasión ofreció un espectáculo de lucha entre mujeres y enanos qaue tuvo mucho éxito ante un público ávido de novedades. Y en una antigua novela de Petronio, el Satiricón, se cita a una mujer gladiadora de la especialidad essedaria, es decir, que luchaba con un carro, aunque no está claro si combatía desde el mismo o si éste servía para entrar en la arena y luego peleaba a pie. Con el pecho desnudo y la cara descubierta, para dejar claro cuál era sy sexo, se hacía luchar a las mujeres gladiadoras. La profesión atrajo incluso a aristócratas, hasta el punto de que el poeta satírico Juvenal opinó sobre las matronas metidas a gladiadoras: "¿qué pudor puede haber en una mujer que se cubre con un casco, renuncia a su sexo y prefiere la fuerza?"
La pasión por las luchas en la arena podía combinarse fatalmente con las habituales rencillas entre pequeñas poblaciones vecinas. El historiador Tácito refiere que en el año 59 d.C. durante unos juegos de gladiadores promovidos en Pompeya por Livineyo Régulo, se produjo un grave altercado entre los pompeyanos y los nucerinos, habitantes de la cercana localidad de Nuceria. Se empezó por los insultos, pasando pronto a las piedras y a las armas. Los pompeyanos resultaron vencidos en la refriega y muchos nucerinos tuvieron que ser transportados a Roma heridos de gravedad. Mucha gente lloró la muerte de sus hijos o sus padres. A raiz de este incidente, Livineyo y otros que habían alentado el tumulto fueron enviados al exilio y, además, se prohibió a los pompeyanos organizar estos espectáculos durante diez años, aunque poco tiempo después Nerón les permitió volver a realizarlos. Esta pintura parietal refleja fielmente las violencia del acontecimientos.
Los gladiadores recibían en las escuelas una estricta instrucción en cada modalidad de lucha. En ellas existiría una vigilancia extrema para prevenir revueltas como la de Espartaco, originada en una escuela de Capua. La más importanta escuela de Roma era el Ludus Magnus, construido por el emperador Domiciano ( o quizá por Claudio) y cuyos restos aún pueden contemplarse junto al Coliseo. Poseía un gran patio porticado central en el que se alzaba un pequeño anfiteatro para el entrenamiento, con capacidad para 3.000 espectadores. En torno al patio se ordenaban las celdas destinadas al alojamiento de gladiadores, que no debían de contar con excesivas comodidades. Durante los juegos, los gladiadores de esta escuela podían acceder al Coliseo a través de un paso subterráneo. Otra escuela era el Ludus Matutinus, donde seguramente se entrenaban los combatientes para los espectáculos de animales ( venationes ), que se realizaban por las mañanas.
Oscurecida por el prestigio heroico del varón, la mujer samurái carga con la imagen de estar sojuzgada en un mundo viril y guerrero. En realidad, las exigencias de la ética samurái no eran menores para las mujeres que para los hombres. La esposa del samurái tenía que cumplir con sus deberes y la lealtad que debía a su esposo, y con idéntica intensidad que éste. Para ello recibía la misma educación en disciplina y autocontrol, en los usos y en las estructuras de la sociedad y en los principios confucianos, que le atribuían una mayor consideración social. Incluso se la preparaba en las artes marciales, con armas de uso característicamente femenino, como la naginata (cayado con hoja curva), para defeder el hogar.
En la historia de Japón hubo mujeres guerreras y de gran poder, como MASAKO, la viudad de Minamoto Yoritomo, más conocida como "la monja shogun", que el siglo XIII condujo el país como mano de hierro. Pero lo que más se recordaba eran los ejemplos de lealtad al esposo. Así, se contaban historias de mujeres que se habían suicidado antes de que el samurái marchara al combate, para que así éste pudiera afrontar libremente la muerte, sin ataduras emocionales de ningún tipo
Según la historia de Monmouth y alguna mención antigua, el rey Arturo vivió a comienzos del siglo VI. En textos publicados y en algún relato galés aparecía como un jefe guerrero -dux bellorum- que, al frente de sus bravos jinetes, defendía heroicamente a los britanicos contra los invasores anglos y sajones en la zona de Gales o iba en busca de algún tesoro. Pero Geoffrey lo convirtió en un gran monarca de la época feudal, con una corte refinada y fastuosas, acompañado de sus leales vasallos, nobles caballeros admirados por las damas. Sin duda los nobles normandos establecidos en Inglaterra aparecieron el aspecto propagandístico de esa glorificación del pasado britano que nuestro fingido historiador les proponía, y luego los novelistas perfilaron aún más la imagen de Arturo y sus caballeros de la Tabla Redonda.
Este rey Arturo, tan fabuloso como el de la tradición (folktale) galesa, se parece mucho más a un Enrique II que a un rudo caudillo celta cuyo armamento aún sería casi romano. Así, las costumbres y el lujo de su corte reflejan la Inglaterra feudal del siglo XII. En la Historia de Geoffrey brillan las caballería y la cortesía que caracterizan este mundo. Una atractiva atmófera, novelesca y ambigua, que marcó el universo artúrico surgido de esas páginas.
La tortuga tropical que se quedo a vivir en el Artico.
Hace millones de años, el Artico era un lugar cálido que las especies asiáticas podían atravesar para emigrar hacia América. En ese camino rumbo a nuevos mundos, la tortuga aurora, un reptil tropical de agua dulce oriundo de Asia y muy parecido a las tortugas mongolas, decidió quedarse a vivir en tierras árticas. Así lo afirman científicos de la Universidad de Rochester (EEUU) en la revista 'Geology', donde explican que un fósil de esa especie hallado en el Alto Artico canadiense les ha permitido comprender cómo era ese lugar hace 90 millones de años.
Hasta ahora, se pensaba que los animales que emigraron de Asia a América lo hicieron rodeando Alaska, pero el investigador John Tarduno y su equipo han descubierto que el Artico era una región extremadamente cálida, sin rastros de hielo, que las especies podían atravesar.
El hallazgo se lo deben al fósil 'increíblemente bien conservado' de la tortuga aurora, o aurorachelys, encontrado en 2006 durante una expedición para estudiar el paleomagnetismo del Polo.
'Sabíamos que hubo un intercambio de animales entre Asia y América al final del periodo cretáceo, pero este es el primer ejemplo de fósil encontrado en la región del Alto Artico que demuestra cómo pudo haberse producido esa migración', apunta Tarduno.
¿Y cómo una tortuga tropical pudo vivir en el Polo? Cuando encontraron el fósil, estaba justo encima de unas capas basálticas resultantes de corrientes de lava procedentes de 'gigantescas erupciones volcánicas'.
Tarduno sostiene que el calentamiento del Artico se debió a la actividad de los volcanes, que emitieron 'tremendas' cantidades de dióxido de carbono a la atmósfera.
Si eso ocurrió en un corto periodo de tiempo, explica el experto, pudo haber originado un 'súper efecto invernadero' hace 90 millones de años que hizo del Polo un lugar calentito y apacible incluso para las especies tropicales.
Porque la tortuga aurora no sólo pasaba por allí, sino que decidió quedarse y convertirse en nativa de la zona, como atestigua el fósil.geology
En el tiempo en que el principe Balduino tenía el cetro del imperio de Constantinopla, en el año de la encarnación del Señor de 1250, do nobles y prudentes hermanos, vecinos de la ínclita ciudad de Venecia, se embarcaron de común acuerdo y concierto en el puerto de Venecia en su propia nave, cargada de diversas riquezas y mercancías, y pusieron rumbo a Constantinopla al soplo de un viento favorable bajo la guía de Dios. Así comenzaba el libro que el viajero Marco Polo dictó en 1298, mientras se hallaba cautivo en una mazmorra genovesa, a su compañero de celda. El libro de la maravillas, título con el que terminó conociéndose su obra, narraba todo aquello que vieron y vivieron del él, su padre y sus tios en los viajes y estancias que realizaron en Oriente entre 1271 y 1295.
Cuando los Polo regresaron definitivamente a Venecia, tras más de veinte años pasados fuera, nadie les reconoció, como tampoco creyó ninguno de sus compatriotas las historias que contaban, incluso después de que se rasgasen las vestiduras para dejar caer del forro torrentes de perlas, esmeraldas y rubíes. Durante años Marco Polo tuvo en Venecia fama de exagerado y fantasioso, hasta el punto de que se le dio el apodo de Messer Millione, el señor millón, porque se decía que siempre hablaba de millones.